Una Muralla alrededor del Sol

Un físico-matemático llamado Freeman Dyson propuso confinar el Sol para poder solventar el problema del crecimiento de la demanda energética de la humanidad. ¿Realmente esto serviría para algo?

A lo largo de la historia, las antiguas ciudades se confinaban dentro de unos muros de piedra a modo de protección, las murallas. Salvo con permisos especiales, o de manera ilegal, nada ni nadie podía entrar o salir de esos límites. Por supuesto, en caso de guerra era un mecanismo muy bueno para evitar la invasión externa, pero ante brotes de enfermedades o revueltas internas no había escapatoria.

En el año 1960 el físico y matemático (sí, eso existe) Freeman Dyson buscó una solución para el imparable crecimiento de la demanda energética a través de algo parecido a una muralla. Esta solución se llama “Esfera de Dyson”. Este concepto puede ser simple de entender de manera física, pero complicado en cuanto a ambición y directamente imposible en el aspecto técnico. Consiste en colocar una esfera alrededor de una estrella y capturar todo su potencial energético. En este caso, Dyson teorizó esta misma esfera confinando el Sol, Mercurio, Venus y la Tierra con una esfera de 3m de espesor, colocando una especie de paneles solares en la misma.

Desde luego la idea es cuanto menos ingeniosa, y lo más curioso es que calculó absolutamente todos los parámetros importantes de diseño y aprovechamiento de energía de este producto. Concretamente, planteó el diseño para esta configuración de una esfera de 1 Unidad Astronómica (1,5 x 1011 m). Además supuso diferentes configuraciones para no tener que ser una esfera completa, a saber:

  • Sólida
  • Burbuja
  • Enjambre

La forma sólida consistiría en un anillo alrededor de la estrella, siendo por así decirlo la menos invasiva de todas. La tipo burbuja sería una configuración en la que habría una esfera, pero incompleta, a partir de distintos anillos como si fueran los paralelos de la Tierra. Finalmente la configuración enjambre sería una combinación de distintos anillos concéntricos en las distintas direcciones de la esfera. Cabe destacar que, por el principio fotovoltaico, a mayor superficie del receptor de los fotones (la luz) mayor energía se generará. El principio fotovoltaico consiste en tener un semiconductor del tipo NP. Estos semiconductores consisten en dos partes con distinta carga de electrones, la N, negativa con huecos de electrones y la P, positiva con exceso, por la cual se tiende al equilibrio de los mismos y se genera una corriente eléctrica. Para provocar esta corriente se necesita una excitación externa, que en este caso sería a partir de los fotones, que transmiten energía a los electrones, dejándolos libres para poder circular por la célula, por el material. De esta forma se traduciría la energía solar a energía eléctrica. En las placas solares más utilizadas en la actualidad este semiconductor es el silicio, el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre. De hecho, este se encuentra en la arena de los desiertos o de la playa, pero habría que purificarlo para poder emplearlo para este fin. De este modo, cuantas más conexiones, más semiconductores haya, más potencia, y directamente energía, se generará a través de la luz de la estrella. Por lo que en cuanto a generación, la que más produciría sería una esfera completa, después una configuración en enjambre, y la que menos sin duda, la sólida consistiendo en un único anillo, teniendo menos superficie generadora.

Pero lo que parece ciencia ficción, y de hecho, prácticamente lo es ya que un concepto muy parecido apareció en una novela de ficción de 1937 titulada “Star Maker” escrita por Olaf Stapledon, tiene una aplicación real, la búsqueda de vida inteligente en el universo. Cabe la posibilidad de que alguna civilización inteligente y avanzada, haya planeado esta solución, pero existe un problema. Si realmente se confina una estrella con un planeta, sería imposible verla en el espectro visible, ya que la luz de la estrella no saldría, siendo totalmente invisible. Pero lo que sí que se podría ver sería la radiación infrarroja.  

Al fin y al cabo, si existiese tal civilización sí que debe ser avanzada, porque tal y como pasaba con las murallas, se protegerían de la humanidad, y parece ser que ya serían capaces de convivir perfectamente entre ellos. Lo dicho, ciencia ficción.

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