¿Y si las canas no fueran para toda la vida?

Todos conocemos ejemplos de personas sometidas a gran estrés a las que se les multiplicaron las canas en muy poco tiempo, pero, ¿sabías que estos pelos grisáceos pueden recuperar su color original cuando el estrés desaparece?

Las canas son un signo visible de envejecimiento, que nos afecta a todos. Este proceso de pérdida del color del cabello se debe a la pérdida de melanina, pigmento que también de color a nuestra piel y nuestros ojos.

Investigaciones llevadas a cabo en animales, principalmente ratones, sugieren que el estrés puede acelerar este proceso. Aunque parezca sorprendente, esto no ha sido demostrado con total certeza en humanos. Nuestra intuición nos hace pensar que es así, pero (hasta ahora) no teníamos herramientas científicas para seguir de forma precisa el estrés y el color del cabello a lo largo del tiempo, así como modelos matemáticos para relacionarlos.

El crecimiento del pelo es un proceso activo, que ocurre dentro de los folículos. Requiere mucha energía, que se produce en las mitocondrias, una pequeña estructura dentro de la célula que funciona como su generador particular. 


Aunque viene poco al caso ¿Sabéis cuál es el músculo que da más miedo del cuerpo humano? El músculo horripilador. Perdón por el chiste malo, pero ese es, de hecho, el músculo encargado de erizar el pelo cuando tenemos miedo o frío.


Mientras los pelos crecen, las células reciben señales, tanto químicas como eléctricas del resto del cuerpo. Unas de estas señales son las hormonas relacionadas con el estrés, especialmente el cortisol. Todas estas señales pueden causar cambios en el conjunto de proteínas que entran a formar parte de ese pelo que está creciendo. Sin embargo, una vez ese pelo sale del folículo y entra en contacto con el ambiente se endurece y mantiene su composición molecular estable a lo largo del tiempo. Esto genera un patrón de pigmentación que nos sirve de mapa para trazar un recorrido por la vida de su propietario en los últimos meses. Por lo menos, en lo referente a su vida “biológica”, los cambios a nivel bioquímico que ha experimentado recientemente.

El estudio en el que nos centramos hoy, encabezado por investigadores de la prestigiosa Universidad de Columbia (Nueva York), publicado en junio de este año en la revista eLife, se presenta una nueva estrategia para medir y digitalizar esos pequeños cambios en el color del pelo a lo largo del tiempo, “pelo a pelo”. 

Gracias a esta tecnología, se ha comprobado que algunas canas pueden recuperar el color natural del pelo. Algo que hasta ahora era impensable. Mirad todas las tonalidades que se detectan en un único pelo y como este recupera el color después de perderlo.

Fuente: Rosenberg AM, Rausser S, Ren J, Mosharov EV, Sturm G, Ogden RT, Patel P, Kumar Soni R, Lacefield C, Tobin DJ, Paus R, Picard M. Quantitative mapping of human hair greying and reversal in relation to life stress. Elife.  10.7554/eLife.67437 cc Attribution 4.0 International

También ha permitido comprobar, de manera inequívoca, que el estrés hace que florezcan las canas. Pero igual que los individuos pierden pigmentación en el pelo en episodios de alto estrés, cuando ese estrés pasa, algunos recuperan la pigmentación.

Curiosamente, cuando los investigadores analizaron las canas vieron que estos pelos contenían una mayor cantidad de proteínas relacionadas con la mitocondria y el consumo de energía que los pelos normales. Por tanto, parece claro que las mitocondrias y, por tanto, el metabolismo, tienen mucho que ver con nuestro pelo volviéndose blanco.

La metodología que han desarrollado es tan potente, que les ha permitido desarrollar un modelo matemático que predice cómo va a evolucionar el color de pelo de una persona a lo largo de su vida. Con este modelo, se ha podido concluir que es posible que haya algo parecido a una “barrera” que el pelo tiene que pasar para volverse blanco. Un evento estresante puede hacer que esa barrera baje y sea más fácil pasarla, pero una vez el estrés se va, si uno acaba de pasar esa “barrera”, puede volver atrás y recuperar el color de su pelo. Si la “barrera” ha quedado atrás hace tiempo, parece poco probable que recuperar la pigmentación sea posible.

Esta metodología permite, ahora más que nunca, plantearse el estudio del pelo como la dendrocronología, el estudio de los anillos de los árboles. Los pelos como fiel reflejo del efecto que eventos pasados en la vida de una persona han tenido en su biología.

Photo by Joey Kyber on Pexels.com

Si dejamos de lado la estética, uno podría pensar: ¿En el fondo, qué más da? Puedo seguir siendo un o una canosa bien resultona. Pero nada más lejos de la realidad. Podría servir, por ejemplo, para evaluar la eficacia de tratamientos contra el estrés, tan abundante en nuestros días. Y, todavía de forma más interesante, revelar secretos acerca del envejecimiento que no conocemos. ¿Qué señales regulan la transición de pelo blanco otra vez a pelo con pigmentación? En la respuesta a esa pregunta podrían encontrarse los primeros ladrillos de nuevas terapias antienvejecimiento. Y hablamos de antienvejecimiento real, no el aparente que genera el bótox. 

Una prueba más de que en ciencia no hay campo, por pequeño o anodino que pueda parecer a primera vista, que no merezca la pena estudiar. Como decía el Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal: “En general, puede afirmarse que no hay cuestiones agotadas, sino hombres agotados en las cuestiones”.

Referencia

Rosenberg AM, Rausser S, Ren J, Mosharov EV, Sturm G, Ogden RT, Patel P, Kumar Soni R, Lacefield C, Tobin DJ, Paus R, Picard M. Quantitative mapping of human hair greying and reversal in relation to life stress. Elife.  10.7554/eLife.67437

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