Guía básica de nuevas variantes de SARS-CoV-2.

¿Cuáles son las nuevas variantes de SARS-CoV-2?¿Cómo se llaman?¿Afectan a los síntomas o a las vacunas? Un recorrido rápido para entender mejor la evolución reciente de la pandemia.

Todos los organismos sufren constantes mutaciones. Estas son consecuencia de errores en la maquinaria celular encargada de copiar el material genético o por la acción de distintos agentes ambientales. Este proceso, aunque puede tener consecuencias terribles, también es el mecanismo que permite la evolución de las especies.

Una mutación no es más que un cambio en la secuencia genética. Esta secuencia se compone de cuatro unidades mínimas diferentes A, G, C y T/U (T para ADN, U para ARN). Cualquier cambio de una letra es una mutación. Para ponerlo en contexto, el SARS-CoV-2 tiene un genoma compuesto por 30.000 de estas letras, mientras que el humano tiene unos 3.200 millones.  Esta larga secuencia se organiza en fragmentos más cortos llamados genes (entre otras muchas cosas). Estos llevan las instrucciones para la síntesis de las proteínas. Así, tres letras consecutivas de la secuencia genética, van a determinar un aminoácido de la proteína. Si hacemos matemática básica, combinando de tres en tres cuatro letras distintas nos salen 64 combinaciones, conocidas como código genético. Sin embargo, solo hay 20 aminoácidos. Eso quiere decir que varias de estas combinaciones pueden codificar para el mismo aminoácido. Si una mutación no cambia el aminoácido que se va a sintetizar se denomina sinónima (solo tiene consecuencias en el genotipo), mientras que si lo cambia se denomina no sinónima (tiene también consecuencias en el fenotipo). Estas últimas son las que nos preocupan, aunque no todas tienen las mismas consecuencias para el virus, como se ve en el esquema.

Solo un pequeñísimo porcentaje de todas las mutaciones posibles son las que generan cepas preocupantes. La gran mayoría o no producen ningún cambio o, si lo producen, hacen al virus un poco más débil. Sin embargo hay un pequeño grupo de mutaciones que sí producen cambios a nivel del fenotipo del virus, es decir, cambian sus características observables. Estos cambios pueden hacer que causen una enfermedad más grave, que se transmitan mejor o que se escapen a nuestros tratamientos y vacunas. Por ello hay que vigilarlas muy de cerca.

Estas mutaciones pueden afectar a cualquier parte del virus. Sin embargo, la mayoría de las que dan lugar a las cepas más preocupantes (VOC, del inglés, variants of concern) se localizan en la “corona” del coronavirus, en la proteína S (también del inglés, spike). Hay dos razones principales para esto. En primer lugar, esta proteína S le sirve al virus para entrar en nuestras células a través de un receptor (en concreto, el receptor de la angiotensina 2). Es decir, la proteína S actúa como una “llave”, capaz de abrir una puerta de entrada a nuestras células. Algunas mutaciones pueden hacer que esa llave abra mejor todavía la puerta, o incluso que pueda utilizar otras puertas diferentes (otros receptores) para entrar. La otra razón es que esta proteína S es la parte del virus que se encuentra más hacia el exterior. Por tanto, es la que nuestro sistema inmune puede detectar y contra la que dirige nuestras defensas. Así se diseñan también las vacunas, pues todas ellas intentan exponernos a esta proteína S antes de que el virus nos ataque, de forma que tengamos las defensas ya listas en el momento que el virus quiera entrar. Una mutación en esta zona hace que el virus pueda esconderse mejor de nuestras defensas e incluso podría (teóricamente) llegar a hacer inútil la protección de la vacuna, puesto que las defensas no reconocerían esa proteína mutada como la del coronavirus.

Teniendo en cuenta todo esto a día de hoy hay cuatro VOC, cuatro variantes para las que se ha demostrado una mayor virulencia, capacidad de transmisión o mejor evasión de la respuesta inmune. A mayores hay al menos otras siete VOI, para las que el fenotipo del virus cambia, pero no se ha demostrado ninguna característica de las anteriores todavía. No quiere decir que estudios futuros no hagan pasar alguna de esas VOI a VOC. 

Varias VOC nos sonarán a todos, la “cepa británica” o “india”. La OMS las ha comenzado a nombrar con letras griegas, para evitar las discriminaciones absurdas a las que tiende el ser humano y así haremos nosotros. Sin embargo, para evitar confusión, ahí va una tabla con todos los nombres que se le da a cada una.

Fuente: Organización Mundial de la Salud

Para estas cuatro cepas hay evidencias científicas de una de nuestras tres preocupaciones. Todas ellas han demostrado tener una mayor capacidad de transmisión. Concretamente la transmisión de la variante alpha es entre un 43 y un 90% mayor que la de la cepa original y la variante gamma tiene entre 1,7 y 2,4 veces más capacidad de transmisión.

De momento, solo las variantes alpha a la gamma han demostrado dar lugar a una enfermedad más severa que la cepa original, mientras que no hay estudios suficientes todavía evaluando esta capacidad en la cepa delta. Se calcula que para la cepa alpha el riesgo de muerte es un 61% más y para las otras dos se ha demostrado al menos un mayor riesgo de hospitalización. Este riesgo es mayor para la gamma, luego la beta y por último la alpha.

Finalmente, en el caso de la respuesta inmune no hay evidencias científicas que hagan indicar que la cepa alpha afecte a la inmunidad. A día de hoy esta sigue siendo la cepa mayoritaria en muchos lugares del mundo, por lo que las vacunas de las que disponemos tienen también efectividad contra ella. Sin embargo las otras tres cepas sí han demostrado cierta capacidad de escapar a nuestra respuesta inmune, bien sea por una menor producción de anticuerpos o porque estos son menos efectivos. De momento esta disminución de la respuesta inmune no parece hacer peligrar las vacunas de las que disponemos. En el futuro, la vacuna contra la COVID-19 podría convertirse en una vacuna de temporada, como la de la gripe, y habría que poner una nueva dosis cada cierto tiempo, que respondiese a nuevas cepas.

Fuente: European Centre of Disease Control (ECDC)

En resumen, las nuevas variantes de coronavirus preocupan y no debemos perder de vista su evolución. Sin embargo, las medidas que han funcionado hasta ahora contra el SARS-CoV-2 siguen siendo válidas (distancia social, mascarilla, etc) y las vacunas siguen siendo una herramienta de máxima utilidad. La emergencia de estas nuevas cepas lo único que debería es inducirnos a intentar vacunar lo más pronto posible, para no dar tiempo a que surja una nueva cepa, que pueda poner todo nuestro progreso en peligro.

Referencias

Organización Mundial de la Salud

https://www.who.int/en/activities/tracking-SARS-CoV-2-variants/

European Centre of Disease Control

https://www.ecdc.europa.eu/en/covid-19/variants-concern (Aquí podréis encontrar también una lista de más bibliografía relevante utilizada)

Revisión nuevas cepas

Harvey, W.T., Carabelli, A.M., Jackson, B. et al. SARS-CoV-2 variants, spike mutations and immune escape. Nat Rev Microbiol 19, 409–424 (2021). https://doi.org/10.1038/s41579-021-00573-0

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