El dilema de las patentes de vacunas COVID-19

Recientemente, se ha sugerido liberar las patentes de las vacunas COVID-19 para aumentar el acceso a ellas. Pero ¿cuáles serían las consecuencias reales de esta decisión?

por Juan García-Bernalt Diego

La estrategia para llevar a cabo la vacunación mundial contra la COVID-19 es muy compleja. Si lo enfocamos como una cuestión matemática, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la demanda de todos los tipos vacunas en 2019, antes de la COVID-19, era de cinco mil millones y medio de dosis por año. Solo para combatir la COVID-19 necesitaremos 3 veces ese número. Ser capaces de producir tres veces más vacunas de las que jamás se han producido, sin olvidar todas las necesarias para otras enfermedades; así como hacerlo, en algunos casos, con tecnología nueva (más en ARN mensajero) es un reto muy difícil de superar sin dejarse a nadie por el camino.

Las patentes, son un mecanismo legal que permite a los inventores de un producto protegerlo durante un periodo de tiempo (en España 20 años), de forma que nadie pueda venderlo o utilizarlo sin su consentimiento. Así, se trata de incentivar a las personas y empresas a invertir y desarrollar nuevos avances, bajo el colchón de seguridad de poder explotar su invención durante un tiempo sin que nadie con más medios o más alcance les pueda pisar la idea y no darles un duro a cambio. Ese concepto, bastante lógico, habría que matizarlo con el uso tiránico que algunas grandes empresas hacen de ellas, particularmente en la industria farmacéutica que hoy nos ocupa. Pero eso podemos hablarlo otro día.

Entonces, ¿por qué se está pidiendo retirar esas patentes de las vacunas frente a la COVID-19? El principal motivo que se da es que eliminar esas restricciones impuestas por las patentes podría extender su producción globalmente, de forma que los países podrían lanzarse a su producción sin miedo a mil millonarias multas. Además, acabarían con el monopolio de las farmacéuticas sobre estas invenciones, de forma que no podrían decidir solo vender al mejor postor, dejando de lado a países con menos recursos, resultando en un reparto más justo de las dosis. Estos argumentos, sobre el papel, son innegables. De hecho, no se me han ocurrido a mi, si no que salen de una carta firmada por numerosos premios Nobel y expresidentes de numerosos países, dirigida al presidente de Estados Unidos Joe Biden, bajo el membrete de “People’s Vaccine Alliance” (aproximadamente “La alianza de la vacuna del pueblo”).

Y si el mundo fuese un poco mejor del que tenemos, probablemente esta sería una gran solución. Pero estudiemos las consecuencias. Si atendemos a los datos dados por Statista, a 23 de marzo de 2021, la producción mundial de vacunas está liderada por China, seguida por Estados Unidos, Alemania/Bélgica e India. Ya bastante por debajo encontramos a Reino Unido, Holanda/Bélgica, Rusia, Suiza y Corea del Sur. Finalmente, los últimos dos productores importantes de dosis son Brasil y Sudáfrica. Como veis, casi todos son países ricos, que con sus más y sus menos, están consiguiendo vacunar a su población. Sin embargo, no venimos a hablar de ellos hoy, centrémonos en un par de casos interesantes como son India y Brasil

Producción de vacunas COVID-19 a nivel mundial. Datos de Statista a 23 de marzo de 2021.

Uno de los mayores productores de vacunas a nivel mundial es India, aunque no sea suya ninguna de las patentes. Lo hace a través de una licencia del suero de AstraZeneca, es decir, el inventor de la vacuna a autorizado al Serum Institute of India a producirla. Si se eliminaran las patentes, la India podría quedarse con toda su producción de vacunas en vez de exportarla y usarla para inmunizar a su población. Hablamos de 1366 millones de personas, sería un paso importantísimo hacia la vacunación de la población mundial. Podemos poner el ejemplo de Brasil, que a través de la misma estrategia, produce la vacuna de la compañía Sinovac (CoronaVac). La producción brasileña, sin embargo, va en su mayoría a China, uno de los primeros países en aprobar el uso de esta vacuna. Nuevamente, hablamos de 211 millones de habitantes en Brasil, que podrían beneficiarse de la producción propia. Debates sobre la expropiación de las patentes no son nuevos en Brasil, ya en 2016, se habló de una posible expropiación de una vacuna contra el Zika, aunque aquello no llegó a buen puerto.

Hasta aquí parece claro que el argumento en favor de la liberación de las patentes podría hacer mucho bien. Sin embargo, no podemos perder de vista que la producción de vacunas de COVID-19 no se ve limitada por la presencia de patentes o no. A día de hoy, no se producen más vacunas, porque no hay más industria y personal suficientemente cualificado para producirlas. Si nos salimos de la lista de países que hemos citado antes, casi nadie es capaz de producir vacunas a la escala necesaria ahora mismo. Y esa transferencia de conocimiento y tecnología lleva tiempo. Un tiempo del que ahora mismo no disponemos.

Estaría bien preguntarnos cómo afectaría la liberación de las patentes a un país sin la industria necesaria para la producción de vacunas y que no se puede permitir los altos precios de los sueros. Pensemos en el África subsahariana, en algunos países de Oriente Próximo o en partes de América Central y Sudamérica. La liberación de las patentes, hace que los productores de estas asuman un riesgo mayor en su fabricación, pues legalmente, cualquiera puede ponerse a producirlas, venderlas más baratas y «quitarles» el mercado. Por tanto, los productores quizás sean menos propensos a bajar los precios en el futuro, si no hay patentes protegiéndolos. Además, por mucho que se liberen las patentes, si no tienes personal ni industria, como país esto no supone ningún cambio para ti, únicamente creará cierta incertidumbre sobre a quién debes comprársela.

Las vacunas son nuestro pasaje hacia la normalidad, de eso no hay duda. A diferencia de cualquier otro boleto, o todos tenemos uno, o no habrá premio para nadie. Vacunar a toda la población mundial, por igual, no es una cuestión moral o de justicia, que también, es una cuestión de necesidad. La liberación de las patentes, aunque es una causa muy noble, no es en este momento lo que está maniatando las estrategias de vacunación. Es difícil saber qué decisión tomar, liberarlas o no liberarlas, lo único que es evidente es que no nos podemos equivocar al tomarla, o acabaremos en una situación en la que “el camino al infierno está plagado de buenas intenciones”. Porque tristemente, será como siempre, una decisión del primer mundo la que decida el futuro del tercero.

Referencias

Datos de la OMS sobre la producción de vacunas

https://www.who.int/immunization/programmes_systems/procurement/mi4a/platform/module2/2020_Global_Vaccine_Market_Report.pdf?ua=1

Producción de vacunas COVID-19 a nivel mundial

https://www.statista.com/chart/24492/total-covid-19-vaccine-production-by-country/

Carta abierta a Biden para la liberación de las patentes

https://peoplesvaccinealliance.medium.com/open-letter-former-heads-of-state-and-nobel-laureates-call-on-president-biden-to-waive-e0589edd5704

Algunos argumentos en contra de la liberación

https://theconversation.com/covid-vaccines-why-waiving-patents-wont-fix-global-shortage-scientist-explains-158643

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