Los caballos salvajes de Chernobyl

La ausencia de vida humana alrededor de la central de Chernobyl, ha llevado a un enorme aumento de la biodiversidad, a pesar de la radiación. Es allí donde viven los últimos caballos salvajes de Europa.

por Juan García-Bernalt Diego

Hace unos días, se cumplían 35 años del terrible accidente de la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania. Esta catástrofe congeló en un instante concreto una zona de 4300 kilómetros cuadrados (alrededor de 600.000 campos de fútbol, para usar una medida universal) en lo que se acabaría por denominar “Zona de exclusión” de Chernobyl, despojándola de toda su vida humana. Mientras esta vida humana no ha vuelto, y los altos niveles de radiación presentes en el ambiente hacen muy poco probable que lo haga en los próximos miles de años, si lo ha hecho la vida salvaje, con un invitado de honor, el amenazado caballo Przewalski (Equus ferus przewalski), la última subespecie viva descendiente del caballo salvaje.

Los efectos nocivos de la radiactividad sobre la vida, son conocidos desde su descubrimiento. De hecho, se cobró la vida de su descubridora, la doble ganadora del premio Nobel,  Maria Salomea Skłodowska-Curie, más conocida como Marie Curie. 

Siendo estrictos, el fenómeno de radiación es la propagación de energía, que no tiene porque ser peligrosa (por eso un radiador se llama radiador). Los problemas llegan con las radiaciones ionizantes, es decir, aquellas que tienen suficiente energía como para “arrancarle” un electrón a un átomo, desestabilizándolo. No soy yo, un biotecnólogo, quien se va a meter en el lío de explicar la radiación, teniendo un físico y un ingeniero como compañeros. Simplemente os diré, que cuando llega a una célula radiación ionizante, esta va a entrar en una respuesta de estrés en tan solo un microsegundo (0,000001 segundos). Esta radiación ionizante, al interaccionar con la materia biológica causa daños en nuestro ADN, nuestras proteínas, incluso en nuestras grasas y además genera especies reactivas de oxígeno, unos iones del oxígeno que van interferir con los procesos normales que ocurren dentro de una célula. Efectos especialmente preocupantes son los que se dan en el ADN, que pueden causar la rotura de su estructura doble hélice, la introducción de mutaciones o unir partes de ese ADN que no deberían estarlo. Estas lesiones, que se pueden servir para estimar la dosis de radiación absorbida, pueden tener efectos muy diversos desde cáncer, esterilidad, trastornos del sistema nervioso,… . Vaya, hasta te puede dejar calvo o provocar cataratas. Todo esto y muchísimo más se sabe de los efectos de la radiación a corto plazo, sin embargo el efecto que tiene a largo plazo, sobre poblaciones enteras incluso a través de diversas generaciones, es un tema lleno todavía de incógnitas.

Volviendo al caballo Przewalski, esta imponente especie se consideraba extinta en la naturaleza desde mediados del siglo XX, debido, en su mayor parte, a la acción humana: caza, pérdida de hábitat, competición de recursos con el ganado, etc. En el momento más crítico, solo quedaban 12 caballos, todos ya criados en cautividad en zoos europeos. Cuando las especies amenazadas entran en esta etapa crítica para su supervivencia, el objetivo es liberarlos lo antes posible en la naturaleza, una vez se considere que el peligro de extinción se ha reducido. La cría en cautividad, aunque sea una medida para evitar su extinción, conlleva una importante pérdida de diversidad genética debido a la endogamia entre los individuos y esta pérdida, puede afectar a su capacidad después para sobrevivir en el “mundo real”. Por ello, en cuanto se consideró seguro, se intentó reintroducir la especie en zonas de Mongolia y China.

Como parte de un experimento, entre 1998 y 2004 la especie se reintrodujo en Bielorrusia, con 31 individuos, cerca de la zona de exclusión de Chernobyl, repartida entre Ucrania y Bielorrusia, zona donde la naturaleza curiosamente, estaba proliferando, y no se veían amenazados por la presencia humana. Aunque el experimento se interrumpió poco después, los caballos se quedaron. Los años y los grandes esfuerzos de protección de la zona, han hecho que la población, 20 años después, se sitúe en alrededor de 150 caballos salvajes. De hecho la proliferación de especies no se limita a los caballo Przewalski, sino que también ha aumentado la población de otros grandes mamíferos como el bisón europeo, el lince boreal, el alce o el oso pardo; todo especies amenazadas. Si queréis ver fotos de estos animales, captados por webcams presentes en Chernobyl, podéis visitar la página del proyecto TREE, que estudia los efectos de la radiación en la vida salvaje (https://tree.ceh.ac.uk/).

Esta explosión de la biodiversidad llevó al gobierno ucraniano en 2016 a declarar la zona de exclusión “reserva nacional de la biosfera”. Las vueltas que da la vida. De hecho, la biodiversidad también ha aumentado otras zonas afectadas por desastres nucleares, como la planta de Fukushima en Japón o los atolones del Pacífico, donde se probaron las bombas atómicas.

Ahora solo quedan preguntas sin respuesta. ¿Es menos nociva la radiación a largo plazo de lo que se preveía o hay menor nivel de radiación en el ambiente del estimado?¿Cómo sobreviven los animales en las zonas contaminadas? ¿Tienen mecanismos más eficaces para reparar el daño celular que se sabe que hace la radiación o es que este daño no es tan elevado como se creía? Cada vez más grupos de investigación están trabajando para dar respuesta a todas ellas. Pero sobre todo, pone de manifiesto que los animales y otros organismos, prefieren someterse a los efectos nocivos de la radiación, que a los efectos del hombre. 

Referencias

Principal

Schlichting, P.E., Dombrovski, V. & Beasley, J.C. Use of abandoned structures by Przewalski’s wild horses and other wildlife in the Chernobyl Exclusion Zone. Mamm Res 65, 161–165 (2020). https://doi.org/10.1007/s13364-019-00451-4

Efectos patológicos de la radiación

Baselet B, Sonveaux P, Baatout S, Aerts A. Pathological effects of ionizing radiation: endothelial activation and dysfunction. Cell Mol Life Sci. 2019;76(4):699-728. doi:10.1007/s00018-018-2956-z

En español

https://theconversation.com/visitamos-la-fauna-de-chernobil-33-anos-despues-del-accidente-nuclear-112893

El caso de Fukushima

Phillip C LyonsKei OkudaMatthew T HamiltonThomas G HintonJames C Beasley. Rewilding of Fukushima’s human evacuation zone. Front Ecol Environ 2020; 18( 3): 127– 134, doi: 10.1002/fee.2149

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