The sound of silence. La incidencia del confinamiento estricto sobre las emisiones de CO2.

El confinamiento estricto demuestra que estamos a tiempo de afrontar con éxito la crisis climática que, aunque parezca estar en el letargo, sigue más viva que nunca.

por Javier Pisonero Carabias

Cuenta la leyenda que antes de la terrible irrupción del maldito Coronavirus, había problemas muy serios que atormentaban a la humanidad. No es casualidad que una adolescente, independientemente del uso que se le esté dando, fuese la persona del año 2019 según la revista TIME. Y es que, escondida detrás de la esquina, la crisis climática sigue al acecho.

Se me antoja volver a hacer un artículo de opinión, pero no quiero que se me tache de bocazas, así que, ¡a revisar artículos se ha dicho! Un grupo de la Escuela de Ciencias Ambientales de la Universidad de East Anglia, liderado por Corinne Le Quéré, demostró que durante el confinamiento estricto de abril de 2020, las emisiones de CO2 se redujeron drásticamente con respecto a las emisiones en el mismo mes de años precedentes.

Concretamente, de media a nivel global, en abril de 2020 las emisiones se redujeron un 17% en comparación a 2019. Uno puede llegar a pensar que, claro, al estar encerrados, no hay gasto, pero volviendo al primer artículo de opinión, cómo no, de esta web, Horizonte 2020 hay que recordar que la energía a nivel cotidiano se basan en electricidad, frío/calor y transporte. Haciendo memoria, y aunque sea de manera localizada, el calor no llegó hasta prácticamente el mes de mayo. Entonces a nivel calefacción se siguió haciendo uso, más si cabe al no poder salir. Y, por supuesto, todas esas horas libres había que dedicar a algo, ya sea ver una serie o películas, leer libros, cocinar, etc. Por lo tanto, el consumo eléctrico no se vio mermado, si no todo lo contrario. 

No obstante, todo esto es a nivel individual, la parada de la industria, y sobre todo del transporte es la que afectó más a este descenso de emisiones. Aquí, permitidme dar una brevísima opinión, pero parece ser que quien debe abrocharse el cinturón en cuanto a sostenibilidad sólo es el ciudadano de a pie en su casa, pero realmente lo gordo no está en ese caso. No quiero decir que haya que olvidarse de la sostenibilidad, ni mucho menos, pero quizás, como en tantos otros aspectos, el foco real está en un lugar diferente que hacia donde van todos los mensajes.

Volviendo a lo que nos atañe, los niveles de ese abril de 2020 son comparables a los niveles de 2006. Esto demuestra el increíble aumento en poco más de una década.  Y es que en ese mismo periodo de años, la población aumentó en más de mil millones de personas, qué se dice pronto. Si ya hemos visto el peligro implícito en las criptomonedas, por supuesto, el transporte, tantas veces sin sentido, por supuesto está en el punto de mira. Y es que este estudio demuestra que un gran grueso de conseguir rebajar los niveles y evitar el aumento medio de la temperatura global, pasa por afrontar el desafío de rebajar el sector transporte. Y sí, aunque vengan olas de frío polar, nieve en lugares insospechados, la temperatura de la Tierra está creciendo, hablamos de calentamiento global, no de calentamiento en un pueblo de la sierra.

Por si acaso no se entiende como funciona un motor diésel o gasolina, simplemente es la transmisión de un movimiento rotacional de una parte concreta del motor transmitida a las ruedas a través por supuesto de la caja de cambios. Vamos, hacer girar un eje y que este movimiento a la larga se transmita directamente a las ruedas motrices. Pero, para poder mover ese eje, hay que generar movimiento, trabajo. Y es que en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica. Generalmente, este movimiento se crea a través de una combustión dentro de la cámara de los cilindros. En esta cámara entra aire, que es el fluido que va a realizar el ciclo termodinámico. El aire se comprime con el pistón y, con la ayuda de la gasolina o el diésel, se genera una ignición que permite completar el movimiento empujando el pistón hacia abajo. Sin embargo, el ciclo no está cerrado, hay que enfriar el fluido, osea, el aire. Bueno, en este caso se hace una trampilla y es que no se enfría y se reutiliza ese aire, si no que directamente se expulsa y se coge aire “nuevo”. Definición pura de antisostenibilidad.

Así que todo el producto de la combustión se expulsa a la atmósfera. Por si no os acordáis una combustión tiene como resultado CO2 y agua, pero eso sería en una combustión perfecta, teniendo como combustible, en este caso gasolina o diésel y como comburente, sólo oxígeno, que es quien genera el desarrollo de la combustión. Pero el aire está compuesto por diferentes gases, concretamente, en números gordos, el 21% del aire es oxígeno, el 78% de Nitrógeno y el 1% restante por otros gases entre los que se encuentra el dióxido de carbono. No son niveles de CO2 muy altos, no terribles, como diría Dyatlov ante una crisis nuclear. Tampoco quiero pasarme de teórico y hacer de este artículo una clase de ciencias que seguro que os encanta, pero a mayor cantidad de CO2 en la atmósfera, peor se haría el ciclo del carbono, donde entran las plantas, y más venenosa sería la atmósfera para casi cualquier tipo de vida. ¡Ah!, se me olvidaba, ¿y qué pasa con el nitrógeno del aire? Pues que en una combustión, en presencia de Nitrógeno, se crean los llamados NOx, que son gases terriblemente tóxicos, incoloros e inodoros que son los principales causantes de las boinas de contaminación.

Por lo tanto parece lógico que, si disminuyen las combustiones, disminuirá este problema, pero el ser humano parece que solo funciona con combustiones, ya que esas tres patas, electricidad, frío/calor, transporte se basan prácticamente en este proceso. De ahí que se quiera electrificar todo. Pero claro, si la generación eléctrica también utiliza combustión, no salimos del bucle. Por este motivo, las energías renovables tienen tanto valor, ya que no se basan en combustión, salvo la biomasa. Pero para poder abastecer a toda la necesidad eléctrica que se pretende, se necesita un colchón, porque no siempre hace sol, no siempre hay viento y no siempre hay agua. La descarbonización puede ser un paso, pero si se utiliza gas natural, se realiza de nuevo una combustión, por lo que no salimos del bucle. La energía nuclear no genera emisiones, y se están creando centrales que aprovechan el residuo para poder ser reutilizado y que el residuo de esta segunda reacción resultante sea inocuo en una cantidad de tiempo mucho más corta, concretamente, tardaría el 10% en perder la radiactividad comparando con el no reutilizado.

En fin, aquí se presentan algunos conceptos para entender por donde pasa y el por qué de la crisis climática. El silencio de las calles demostró que estamos a tiempo de revertir la situación, y que el reto sigue ahí aunque no sea la mayor de las prioridades ahora mismo. Por supuesto, estar en casa no es la mejor de las soluciones a nivel psicológico o económico, pero llegados a este punto hay que prepararse para lo que pueda venir, porque, aunque llevemos mascarillas si no se puede respirar no se puede vivir. Seamos optimistas y pensemos que se puede cambiar, que se puede ganar esta lucha pero que por supuesto, hay que actuar como sociedad, ya que si solo cumplimos en nuestras casas, no es suficiente.

Referencia

Le Quéré, C., Jackson, R. B., Jones, M. W., Smith, A. J., Abernethy, S., Andrew, R. M., … & Peters, G. P. (2020). Temporary reduction in daily global CO 2 emissions during the COVID-19 forced confinement. Nature Climate Change, 10(7), 647-653.

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