Vicios y virtudes de los transgénicos (Parte 2)

Los organismos modificados genéticamente (OMGs), especialmente en el campo de la agricultura, son objeto de crítica e incluso odio en algunos sectores de la sociedad, pero, ¿está justificada su mala reputación?

por Juan García-Bernalt Diego

Antes de leer este artículo, si no tienes claro lo que son los organismos modificados genéticamente (OMGs), cómo se producen, así como sus ventajas y desventajas, quizás te interese la Parte 1 de este post donde se explica todo esto. En esta Parte 2 trataremos de indagar en los motivos que llevan a buena parte de la población a estar en contra de estos organismos, así como si su oposición está o no fundamentada. Para ello vamos a centrarnos únicamente en la aplicación en agricultura y alimentación de los OMGs, fuente de la mayor parte de la controversia, no en aplicaciones médicas, mucho más aceptadas socialmente.

Una buena forma de evaluar esta cuestión es ver cómo varía la opinión de los científicos, expertos en el desarrollo y aplicación de los OMGs, comparada con el resto de la sociedad. En un estudio hecho en Estados Unidos en 2015 por parte del Pew Research Centre en el que se preguntaba a científicos y no científicos sobre distintos temas de ciencia, mientras que el 88% de los científicos preguntados consideraban que los alimentos modificados genéticamente son seguros para su consumo, solo el 37% de la población general compartía esa opinión. Esta diferencia, era la mayor de todos los temas que se trataban en el estudio, mayor que el cambio climático o la energía nuclear. 

Lo más preocupante de estos datos es que no hay pruebas de que una mayor educación en lo que son y cómo funcionan los OMGs, haga cambiar de parecer a las personas que tienen una opinión desfavorable. De hecho, a veces se consigue el efecto contrario, y se vuelven todavía más en contra. Quizás no sea tan importante lo que realmente sepan del tema para tomar una u otra postura, sino lo que creen saber. Muchas veces la ilusión de saber, el creer que se entiende todo, desde temas del día a día hasta tecnologías altamente complejas, afecta enormemente a las personas. Esa percepción de conocimiento predice mejor las actitudes respecto a temas controvertidos que el propio conocimiento. Este es el famoso efecto Dunning-Krugger, del que muchos habréis oído hablar.

Un grupo de investigadores liderados por Philip M. Fernbach, pusieron a prueba esta hipótesis, realizando varios estudios, cuyos resultados han sido publicados en la revista Nature Human Behaviour en el año 2019.

En primer lugar, seleccionaron una muestra variada de mil estadounidenses adultos, asignando a la mitad a un estudio de alimentos transgénicos y a la otra a uno de cambio climático. En el estudio de alimentos transgénicos, se hicieron en primer lugar, dos preguntas: nivel de oposición a estos alimentos y nivel de preocupación por su uso. Más del 90% de los participantes tenían algún nivel de oposición a los transgénicos y más del 93% cierto nivel de preocupación. Sorprendentemente, la postura política de los participantes no afectaba a su respuesta significativamente.

Después se les pedía por un lado que autoevaluaran su conocimiento de los transgénicos y, por otro, que respondiesen a 15 preguntas de ciencia básica de tipo verdadero o falso. Puntuando sus respuestas se podía valorar tanto lo que creían saber, como cuál era su conocimiento científico real. Los resultados eran claros, a medida que avanzábamos en la escala hacia una oposición más extrema a los OMGs, menor era el conocimiento científico de los participantes. Los conocimientos científicos de los participantes y su autoevaluación se correlacionan bastante bien para personas que no se oponen o cuya oposición es moderada, pero, cuando vamos hacia posiciones extremas, esta correlación se vuelve negativa, o lo que es lo mismo, cuanto menos saben de ciencia, más creen saber. 

Este mismo efecto se veía en el otro grupo de estudio al que se le preguntaba por el cambio climático, en el que los más extremistas no creían que los humanos fuesen los causantes. Sin embargo, aquí las diferencias entre lo que se sabe y lo que se cree saber, aunque iban aumentando cuando nos dirigíamos hacia posiciones más radicales, no aumentaban tanto como con los OMGs. Curiosamente, la opinión acerca del cambio climático sí dependía enormemente de la postura política, siendo los conservadores mucho más propensos a no creer en él.

Sin embargo, la muestra de este primer estudio era bastante pequeña, y solo se hacía en Estados Unidos, por lo que los resultados podrían estar influenciados por creencias y políticas particulares de este país. Por ello se hizo un estudio más amplio, incluyendo más de 1500 personas de Estados Unidos, Francia y Alemania. Todos los resultados que se obtenían en el primer estudio se repetían de nuevo, también en Francia y Alemania. La única diferencia importante es que el conocimiento objetivo de ciencia, aunque descendía según nos acercábamos a posiciones más extremas de rechazo a los OMGs, no lo hacía tanto en Europa como en Estados Unidos. Debido a este hecho, la diferencia entre lo que se sabe y lo que se cree saber tampoco aumenta tanto en las posturas extremas en Europa. 

Por tanto no cabe duda, a medida que se reduce el conocimiento científico, aumenta la oposición a los OMGs. Esto no debe sorprendernos, pues el consenso dentro de la comunidad científica es que los alimentos transgénicos son seguros para su consumo. Consecuentemente, si tienes un alto conocimiento científico, lo más probable es que compartas la opinión general de la comunidad científica. Sin embargo, este sería un análisis muy limitado de esta controversia, pues los motivos del rechazo no tienen por qué estar basados en razones científicas, ni la preocupación principal tiene por qué ser la seguridad de los OMGs para su consumo, pueden ser motivos ambientales, sociales, religiosos o de bienestar animal, por ejemplo. Alrededor de un cuarto de los encuestados presentaba, como motivo principal, uno distinto a la seguridad de consumo de alimentos modificados genéticamente. Aunque este es un porcentaje importante, los otros tres cuartos de los encuestados sí tenían la seguridad alimentaria como principal motivo. Además, cuanto más extrema su postura, más probable que indicaran como motivo principal esta seguridad. Esto es curioso y abre la puerta a considerar que el rechazo se centra solo en los OMGs que se dedican a la alimentación, no todos los OMGs. De hecho, si se pregunta a los encuestados por esto, el rechazo a aplicaciones médicas de los OMGs es mucho menor que a sus aplicaciones alimentarias.

Entonces ¿qué está pasando aquí? Tenemos una única tecnología, que puede ser aplicada en medicina, agricultura, ingeniería ambiental, y muchas otras ramas de conocimiento. Mientras que el rechazo a sus aplicaciones fuera de la alimentación y agricultura entra dentro de los valores habituales de rechazo a la ciencia, hay una fortísima oposición en su consumo. Aunque hay otras razones, la principal la constituyen las dudas sobre su seguridad como alimentos, que no tienen ninguna evidencia científica que las respalde. Para complicar más la situación, cuanto menos se sabe de ciencia, más se cree saber y más se rechaza una tecnología basándose en una hipótesis…sin respaldo científico. Imagino que veis la contradicción.

Los OMGs tienen sus conflictos, eso es evidente. Pero el término eugenesia, mejora de la especie humana por técnicas biológicas, no ha aparecido en todo el texto. Ese es el conflicto real de los OMGs, pero no es el motivo por el que se rechazan a día de hoy. Tampoco ha aparecido en el texto la compañía Monsanto, que se ha aprovechado de esta tecnología para ganar miles de millones y erigirse como un competidor desleal y tiránico de muchos pequeños y medianos agricultores en Estados Unidos. Compañía, por cierto, adquirida por Bayer en 2018 por la friolera de 63 mil millones. Casi nada.

Ninguna tecnología es buena o mala, es su aplicación la que adjudica ese valor. Por tanto, quizás las razones que se están blandiendo para rechazar los OMGs, ya no únicamente a nivel social, sino también político, no son lícitas. Y lo que es peor, están limitando la aplicación de tecnologías que podrían salvar miles de vidas. No deberíamos perder esto último de vista cuando dictemos sentencia frente a nuestro nutritivo y lleno plato.  Para combatir este rechazo, hay que luchar contra unas instituciones políticas incapaces de admitir su propia ignorancia, o que prefieren mantener unos votos que abrir un debate honesto y racional. Aquellos con una postura más opuesta son los que necesitan más educación, pero los que menos receptivos van a ser a ella. Pero nuestra única arma es esa, la educación. Tema complicado, no hay duda.

En conclusión, todos los tratamientos médicos desarrollados en el siglo XXI han necesitado de OMGs en algún momento. Y, a medida que la población mundial sigue creciendo, van a hacerse más y más necesarios para alimentarla, sin cargarnos el planeta por el camino. Los OMGs tienen que estar legislados y controlados, como lo tiene que estar la energía nuclear o la informática, pero las razones para su control no pueden estar basadas en una falsa hipótesis.

Referencias

Fernbach, P.M., Light, N., Scott, S.E. et al. Extreme opponents of genetically modified foods know the least but think they know the most. Nat Hum Behav 3, 251–256 (2019). https://doi.org/10.1038/s41562-018-0520-3

Funk, C. & Rainie, L. Public and Scientists’ Views on Science and Society (Pew Research Center, 2015) https://www.pewresearch.org/science/2015/01/29/public-and-scientists-views-on-science-and-society/

Un comentario en “Vicios y virtudes de los transgénicos (Parte 2)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s