El peligro de lo natural

Las terapias alternativas, la homeopatía y otras pseudociencias están aumentando su popularidad dramáticamente en los últimos años. Estas, pueden tener consecuencias fatales, incluso para enfermedades curables.

por Juan García-Bernalt Diego

Si nos ceñimos a la definición que da la Real Academia Española (RAE) de natural, encontramos en su tercera acepción: “Dicho de una cosa: Que está tal como se halla en la naturaleza, o que no tiene mezcla o elaboración”. En el lenguaje cotidiano es esta la que se usa en frases como: “Esto es muy sano, que es natural” o “Esto es natural, no lleva conservantes ni colorantes”. Ese concepto, puede servir como baluarte en la construcción de una dieta equilibrada, en la que se eligen productos menos procesados o, en la que se tiene más presente a nuestro maltratado planeta y se compran productos locales y de temporada. Hasta aquí todo estupendo.

Sin embargo, en los últimos años, hay una clara tendencia a igualar el concepto de natural, con el de bueno. Si volvemos a la RAE, hoy nuestra mayor fuente de conocimiento, “bueno” en su primera acepción se define como: “De valor positivo, acorde con las cualidades que cabe atribuirle por su naturaleza o destino”. Está claro que algo “natural” estará más acorde a las cualidades que cabe atribuirle por naturaleza, pero, quizás no por destino. Cuando se empieza a igualar el concepto de natural con el de bueno, y se empieza, por tanto, a cargar la palabra de un enorme contenido moral, esto puede llevar a extremar su aplicación, a considerar lo natural como la mejor opción sea cual sea su destino: una buena dieta; una terapia contra el cáncer; una planta mejorada genéticamente para ser más eficiente o requerir menos nutrientes para su crecimiento; o una vacuna  preparada en el laboratorio para protegernos contra una pandemia.

Este cambio semántico de la palabra “natural” es aprovechado por los mismos intereses de siempre, económicos, por las teorías pseudocientíficas. Nos engañamos si pensamos que son otros. Estas teorías pseudocientíficas, entendidas por su definición de la RAE como “falsamente científicas”, llevan siglos presentes en la sociedad. Pero, ¿cuál es su papel en la actualidad? Si hoy en día se dispone de más información de la que se ha dispuesto nunca ¿Por qué su popularidad está aumentando los últimos años? ¿Por qué cada vez hay más antivacunas o personas que abandonan tratamientos oncológicos por terapias mal llamadas “naturales”? Quizás la era de la información no sea lo mismo que la de los ciudadanos informados.

Como aquí somos científicos, pongamos un ejemplo que nos da algunos datos para analizar este peligro. En concreto sobre el efecto de las terapias alternativas en la supervivencia de pacientes con cánceres curables. Es un estudio publicado en el 2018 por un grupo de la prestigiosa Yale School of Medicine en la también prestigiosa revista Journal of the National Cancer Institute de la editorial de la Universidad de Oxford.

En este estudio se siguió a 840 pacientes, un tercio de los cuales habían optado por una terapia alternativa, mientras que el resto estaban llevando a cabo una terapia oncológica estándar, en función de su tipo de cáncer. Se estudiaron pacientes con cáncer colorrectal, de pulmón y de mama, todos ellos curables. Se excluyeron del estudio pacientes ya en estadío IV o de cáncer muy avanzado. Para sorpresa de nadie la probabilidad de muerte aumentaba significativamente en aquellas personas que elegían terapias alternativas: se doblaba en el caso del cáncer de pulmón, cuadruplicaba en el caso del colorrectal y era casi seis veces mayor en el caso del cáncer de mama. Es decir, cuanto más curable es el cáncer, más aumenta la probabilidad de morir si se elige una terapia alternativa, probando la efectividad del tratamiento convencional.

Aunque este dato no sorprende al leer el artículo, sí sorprenden algunos de los factores sociales que se correlacionan con la elección de la terapia alternativa: una mayor formación académica o un mayor salario. El factor del salario es incluso más sorprendente teniendo en cuenta que el estudio se realizó en Estados Unidos, donde tener dinero es imperativo para tener una buena asistencia sanitaria. Se podría entender la desesperada búsqueda de una terapia alternativa ante la imposibilidad de costear el tratamiento convencional, pero no cuando todas las opciones están a tu disposición. Quizás sea cosa de la educación.

Una buena formación, recurrimos nuevamente a la RAE, se entiende como la “preparación intelectual, moral o profesionalmente a una persona o a un grupo de personas”. No cuestiono que nuestros sistemas educativos nos preparen para ser buenos profesionales, pero las dudas se acumulan cuando nos referimos a los otros dos componentes de la definición.

Una deteriorada formación; una avalancha de información cierta y falsa expuesta en el mismo foro, con el mismo respaldo; e intereses económicos en que proliferen ciertas teorías pseudocientíficas nos llevan a la situación actual. Una situación en la que los países donde hay más detractores de las vacunas ya no son solo aquellos donde las campañas de vacunación han sido escasas y poco efectivas, sino países del primer mundo con altos niveles económicos y educativos. 

En 2018, entre los diez países con más porcentaje de población que creía que las vacunas no son seguras encontrábamos a Francia, Rusia, Suiza, Austria e Islandia. Todos ellos con más de un 20% de la población según los datos de Statista. Esto puede parecer irrelevante si no se traduce en un incremento de casos de las enfermedades controladas por vacunación. Si nos fijamos en el caso del sarampión en Europa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestra que se ha pasado de 5.273 casos en 2016, a 25.869 en 2017 y 83.540 en 2018. Aunque los datos de 2019 no están completos, solo en los dos primeros meses se reportaron 34.300 casos. De mantenerse esa tendencia, estaríamos ante más de 200.000 casos a final de 2019. Dinámica de una epidemia en toda regla. Se estima que con la vacunación de sarampión se han evitado más de 23 millones de muertes en el mundo entre el año 2000 y el 2018. Estamos resucitando enfermedades moribundas y las consecuencias pueden ser dramáticas.

Quizás debamos plantearnos si este término “natural”, cargado de un nuevo contenido moral, no nos está llevando a un esencialismo mal entendido, a primar aquello “no modificado” en cualquier ámbito. Los avances científicos y tecnológicos que nos permiten preocuparnos por este tipo de cuestiones y no sólo por tener que sobrevivir, se basan en la modificación y manipulación de nuestro entorno. Sin lo “artificial” (RAE: “Hecho por mano o arte del hombre”) no hay progreso, no hay mejora en la calidad de vida.

El activismo que lucha por mantener nuestro planeta sano, por mejorar las condiciones en las que convivimos con el resto de organismos de este y que vela por un futuro sostenible es clave. Más necesario ahora que nunca con el imparable avance del cambio climático. Científicos y activistas van de la mano en esta lucha, se necesitan mutuamente para conseguir un cambio real, no sólo eslóganes pegadizos. Pero no podemos transformar el activismo en fanatismo. Si no, acabaremos convirtiendo una discusión que debería estar cargada de soluciones, de datos, de ciencia; en un mero enfrentamiento entre dos bandos como ultras de un partido de fútbol. De llegar a ese nivel, diferenciar el dato del panfleto será prácticamente imposible y tendrá, tomando las palabras de Rafael Sanchez Ferlosio en su ensayo “La teoría homeopática del deporte”, para seguir con la analogía futbolística: “Tanto de espectáculo cómico-grotesco como de síntoma de un grave recrudecimiento de la colectiva enfermedad de la razón que es el nacionalismo, en cualquiera de sus formas”. 

Referencias

Artículo de terapias alternativas y cáncer

Skyler B Johnson, Henry S Park, Cary P Gross, James B Yu, Use of Alternative Medicine for Cancer and Its Impact on Survival, JNCI: Journal of the National Cancer Institute, Volume 110, Issue 1, January 2018, Pages 121–124, https://doi.org/10.1093/jnci/djx145

Datos sobre desconfianza en las vacunas

https://www.statista.com/statistics/1052263/countries-where-people-are-most-likely-to-disagree-that-vaccines-are-safe/

Datos sobre sarampión de la OMS

https://www.who.int/csr/don/06-may-2019-measles-euro/en/

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