Coronavirus en África

La necesidad de preguntarse por qué el continente africano representa menos del 4% de los casos globales de COVID-19.

De acuerdo con el Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), al concluir el año 2020, África había reportado “poco más” de dos millones y medio de casos de COVID-19, un mero 3,3% de los más de 80 millones de casos globales. Un porcentaje similar de los fallecimientos globales provienen también del continente africano. ¿Cómo es esto posible, cuando la población africana representa el 17% de la global? ¿Es solo consecuencia de un gran número de casos no contabilizados o hay algo más?

La respuesta, como casi siempre, probablemente no se encuentre ni en un extremo ni en el otro, sino en una difícil de analizar escala de grises. Los investigadores Justin M. Maeda y John N. Nkengasong, se planteaban esta misma duda en una reciente publicación en la prestigiosa revista Science, recopilando numerosos factores que podrían contribuir a los datos antes presentados. 

El que primero mencionan y, sin lugar a dudas, altamente significativo, es la limitada capacidad de diagnóstico que presentan los Sistemas de Salud de muchos de estos países. Las estructuras gubernamentales, ya de por sí frágiles, se enfrentan a una demanda de test diagnósticos que son incapaces de satisfacer. En muchas ocasiones, no tienen ni los equipos necesarios para llevar a cabo una técnica tan compleja como una RT-PCR cuantitativa, la metodología de diagnóstico de casos activos de COVID-19 más utilizada. Además, aunque la actual pandemia parece dominarlo todo, hay que considerar que la Salud Pública africana se encuentra ya habitualmente sobrecargada con otras infecciones endémicas como el VIH, la tuberculosis o la malaria, tan o más mortíferas que la COVID-19. Todo ello, lleva a realizar menos pruebas de las que serían recomendables y, consecuentemente, un menor número de casos “oficiales”. Algunos estudios, que analizan la sangre de donantes en busca de anticuerpos, sugieren que, únicamente en Kenia, deberían haberse dado alrededor de 2,2 millones de casos, cuando solo se habían reportando en ese momento 77.585. Estas estimaciones derivan de que se han encontrado anticuerpos en un 4,3% de los donantes analizados. 

Pero, aparte de este factor, quizás el más evidente para cualquiera de nosotros, otras variables juegan más difícil de valorar un papel en la situación actual. Por ejemplo, la juventud de la población, de media alrededor de los 18 años (por los más de 30 de Sudamérica o más de 40 de Europa) podría llevar consigo una reducción en el porcentaje de casos graves, más fácilmente detectables y diagnosticables. Así, muchos brotes podrían pasar completamente desapercibidos y por tanto, no ser contabilizados. También el clima podría jugar a favor de una menor transmisión del virus, que tiene una vida mucho más corta fuera del organismo cuando la temperatura es elevada. Otros factores genéticos o un cierto grado inmunidad preexistente puede que estén jugando un rol importante en el desarrollo de la pandemia en el continente y la investigación está tratando de elucidar su relevancia.

Sin embargo, no todo son características intrínsecas de su clima o su población, también habría que resaltar el enorme esfuerzo realizado por los maltrechos Sistemas de Salud africanos, a través de su propio CDC. Los primeros casos en el continente fueron detectados el 14 de febrero de 2020, momento en el que únicamente dos países en el continente eran capaces de diagnosticar la enfermedad. En marzo del 2020, como destacan los investigadores en su artículo, esa capacidad diagnóstica se había llevado a más de 43 países. De hecho, en noviembre de 2020 se estaban realizando alrededor de 3,5 millones de pruebas al mes, con más del 70% de los países realizando más de 10 pruebas de COVID-19 por cada positivo detectado, cuando en abril solo se podían realizar 600.000.

Factores que afectan a la evolución del coronavirus en África. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Sistemas sanitarios, capacidad diagnóstica, edad de su población, rapidez de las decisiones políticas, desarrollo tecnológico, factores genéticos. Inspirada de Margolin et al., 2020.

El siguiente reto al que se enfrenta el continente, al igual que el resto del globo, es la vacunación, que solo será efectiva si se distribuye mundial y equitativamente en altos porcentajes. Este reto volverá a poner a prueba la capacidad e infraestructura disponibles en la región, así como la solidaridad y empatía de gobiernos e instituciones más fuertes. El cómo y el cuándo lleguen esas vacunas a las personas más vulnerables del planeta, servirá para definir a las sociedades del primer mundo, decidiendo entre la justicia y el egoísmo. También dará un significado a la sobreexplotada «globalización», entre el ideal de igualdad y la realidad del colonialismo. 

En este foro nos decidimos por el optimismo. Por ello, para concluir, recogemos las palabras del investigador Emmanuel Margolin y sus colaboradores, en otro fantástico artículo publicado en Nature Reviews Microbiology: Aunque la situación sea sin duda terrible, África tiene un importante papel en la lucha global contra la COVID-19 y la resiliencia e inventiva de su gente, no debe ser infravalorada.

Referencias 

Principal

Maeda JM, Nkengasong JN. The puzzle of the COVID-19 pandemic in Africa. Science. 2021 Jan 1;371(6524):27-28. 10.1126/science.abf8832 

Para saber más

Margolin E, Burgers WA, Sturrock ED, Mendelson M, Chapman R, Douglass N, Williamson AL, Rybicki EP. Prospects for SARS-CoV-2 diagnostics, therapeutics and vaccines in Africa. Nat Rev Microbiol. 2020 Sep 10:1–15. https://doi.org/10.1038/s41579-020-00441-3

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